Dicen que la líbido nos mueve, que nos dejamos llevar por los impulsos y deseos más recónditos de nuestro ser interior. Para mi no es problema, o sea, siempre me he movido por esos impulsos a los que prefiero llamarles calentura; pero puta que cambia la hueaíta cuando el que te inspira a sacar lo más animal de ti es cinco años menor, o sea, fuera del colegio cinco años no son nada, pero es tan heavy cuando erís el hueón maduro y experimentado de cuarto medio y él es el pirihuín de séptimo básico con apenas doce añitos; desconcierta la hueá pos. Puta que erís bonito cabro chico, con tus palidez y ojitos caídos, con tu pelo medio rubio medio largo y tu media sonrisa, con tus miradas de reojo en el baño, con el mismo gesto técnico de arreglarnos el pelo (el que hacemos al mismo tiempo, frente al espejo y casi sin darnos cuenta) con tus clases de arte en el huerto, con tus roces de repente en el patio, con los ratos que te veo solo en los recreos (es cuando más te miro) con tu inocencia y tu voz de pito; me dan ganas de pervertirte, ensuciarte cautelosamente, hacer que te dejes llevar y que atines un poco. Pucha, y ¿qué más puedo decir? me gusta un pendejo.
sensual, la depravación en mi es sensual; ruge mi nombre así sensual.
sensual, la depravación en mi es sensual; ruge mi nombre así sensual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario